¿“ADULTOS DE LA TERCERA EDAD”? ¿QUÉ ES ESO? (Parte 2: 2019-2020)

| Por Ángeles Díaz Rubín (Cuqui Toledo) |

¡Lo prometido es deuda! En esta segunda parte, Cuqui Toledo escribe sobre sus experiencias en la residencia de adultos mayores; comparte lo que ha investigado en la teoría y en la experiencia cotidiana (propia y de sus roomys, quienes comparten con ella la vida en la residencia).

Me gusta cumplir lo que prometo y disfruto compartir lo que voy aprendiendo; sin embargo, he pensado mucho si sería interesante para quien me lee y, sobre todo, si sería ético, respetuoso, escribir sobre lo que he vivido en este segundo año en la Residencia de Adultos Mayores. Aquí vivo y también recibo a mis consultantes, en mi “Casita Encantada” (el nombre que le puse a mi casa y que así ya se le conoce). En las anécdotas que quiero compartir, aunque no ponga nombres, fácilmente puede identificarse a quienes pertenecen, ya que somos solamente 12 roomys (así les digo de cariño). ¿Podría ser ofensivo para mis roomys, para sus familiares o para la institución? Lo he pensado mucho… Mi intención es que lo que aquí cuento sea para aprender, valorar y hasta gozar esta difícil etapa de la vida, ya que no he encontrado muchos escritos sobre la vejez que describan lo que es vivirla. Escribo desde un lugar de respeto, jamás de burla.

Cuando escribí el año pasado sobre las experiencias que estaba estrenando tenía mucho entusiasmo y energía, nuevos sueños y esperanzas sobre la forma de compartir mi trabajo aquí y con mis compañer@s de vida; ahora, a veces, siento que ya no tengo el mismo entusiasmo. ¿Qué me ha pasado? Mi cabeza no está mal para los 83 años que cargo, pero he aprendido que en la vejez cada año cuenta mucho; que no hay vuelta atrás, y que todos nos hemos deteriorado de diferentes formas en el transcurso del año. El perder facultades puede dar tristeza por lo que ya nunca tendremos, y hasta enojo (como cuando quise ensartar una aguja y ya no pude); he sentido tristeza cuando una persona ya no puede comer sola o cuando otra solloza y babea como un bebé. Otras veces he sentido mucho miedo, como cuando fui al oculista y me dijo que el deterioro de mis ojos ya no tiene cura y solamente hay que cuidarlos para que no empeoren. Pero el miedo también ha sido bueno: me avisa que puedo caerme y eso me ha hecho aprender a usar el bastón cuando salgo sola y a dejar que me ayuden en la calle sin sentir vergüenza.

En la convivencia con mis roomys he entendido lo que se dice tan levemente: “La vida es redonda, uno da la vuelta y los ancianos acabamos siendo niñ@s de nuevo al final de la vida”. Cuando uno lo vive y lo ve a todo color en el entorno, a veces duele a pesar de razonarlo.

Me he preguntado: ¿Entristecerse es otro condicionamiento social?, ¿es por arrogancia? ¿es un deterioro cerebral? Me parece que es una combinación de todo. Estas preguntas y otras me han llevado a estudiar el tema de la vejez con curiosidad. Ha sido muy interesante revisar mis libros de hace 30 años y compararlos con lo que ahora se sabe, ver cuales eran las expectativas que se tenían para 2020 y ver que muchas ya se han cumplido. También me he asomado a la neurociencia, a la filosofía y a la sociología contemporáneas, asombrándome de lo que han aportado. Pero lo que ha sido invaluable para mí es seguir estudiando y profundizando la Práctica Narrativa que me sigue enseñado a relacionarme con la vida de una manera diferente y a mejorar mi trabajo profesional. Al ir escribiendo este artículo, está siempre en el trasfondo alguna de las ideas que la Narrativa nos ha dado.

¿Por qué pensamos que la bajada de la montaña de la vida es fea? ¿No será porque queremos seguir viviendo lo que vivimos en la subida? Queremos ver las palmeras y las margaritas que había en el paisaje cuando subimos la montaña en vez de gozar los pinos y las bugambilias que ahora tenemos frente a nosotr@s en la bajada?

La metáfora de las bugambilias y pinos que vemos en esta etapa de la vida, me dio la idea de algo para hacer en las sobremesas con mis roomys; poquito y de vez en cuando, puedo desviar la conversación y hablar de nuestra “bajada en la montaña de la vida”, y así compartimos y valoramos tips para facilitarla -y para evitar volver a escuchar las mismas historias que llevo un año escuchando-. A veces yo también les platico algo sabiendo que ya lo había contado anteriormente porque lo oyen con tanta atención y gusto como la primera vez, y me doy cuenta que yo también estoy gozando al contar mi re-cuerdo. Así, ahora cuando oigo tantas veces la misma historia, centro mi pensamiento en la alegría que está sintiendo la persona que relata en vez de fijarme en el fastidio. Así he ido aprendiendo. Centrar la atención en el servicio de los lóbulos frontales y ejercitarlo, nos permite cambiar el pensamiento a positivo; aceptar la realidad, dejar de juzgarla y agradecer la vida… Agradecer da paz y una la pasa mejor.

Nos emociona y hasta aplaudimos cuando llega al comedor una de nuestras compañeras, siempre sonriente saltando con su única pierna como un conejito con la ayuda de una andadera, porque quiere fortalecerse para no estar siempre en la silla de ruedas. Y la forma en que nos cuenta cómo tuvo que decidir si morir o autorizar que le cortaran la pierna, es un ejemplo de fortaleza que impresiona.

Mi aprendizaje vivencial en ocasiones ha sido sorpresivo, como el día que estaba gozando ver a un chiquito de 2 años que mantenía una batalla campal con un elote cuando trataba de comerlo, estaba embarrado desde el pelo hasta el zapato, su carita, me pareció muy divertida. Y reflexioné: ¿por qué me da asco cuando en la mesa alguien tiene un fideo colgando de la boca o se desatora con el dedo alguna comida en los dientes? ¡Ufff!!, lo que es el condicionamiento social… Esta diferencia de significados entre lo que es simpático y lo que molesta, quizá sea porque sabemos que los niños irán aprendiendo, “van para arriba”, mientras que los viejos nos iremos deteriorando cada día más; así me lo he explicado.

También he reflexionado ¿por qué sería ofensivo compartir las anécdotas y travesuras de la “tercera edad”? Es curioso que cuando se trata de los niñ@s las aceptamos y las gozamos, ¿por qué no podemos hacer lo mismo con lo que hacen l@s adult@s mayores? y pienso en algunas…

Tod@s sabemos que cuando vamos descubriendo el mundo, el wc puede ser algo interesante cuando al jalar una palanca el agua se va, llevándose todo lo que habíamos echado a la taza (los que hemos criado hij@s es muy probable que tengamos alguna anécdota donde tuvimos que llamar al plomero). Pues aquí también una dentadura desapareció cuando una roomy decidió, quizá, experimentar.

El Día de Muertos resultó ser otra sorpresa, pues había programado con ayuda de la profesora de Logoterapia, en una forma breve y sencilla, la ceremonia de “Decir Hola de Nuevo”. Pero me encontré que tod@s estaban disfrazad@s; a nadie le interesaba: ni entendieron ni me hicieron caso, estaban felices y de fiesta. Siempre recordaré a nuestra niña de 98 años con su disfraz de Tortuga Ninja, a Miss Universo, a Frida Khalo, a la Gatita Kitty, al Pirata que le estorbaba el parche del ojo en la comida… y el entusiasmo de todo el equipo que nos cuida disfrazado también de Halloween. Cantaron felices y comimos menú especial hecho con mucho amor. Era otra forma, pero con el mismo fin: no entristecerse con La Muerte y celebrarla.

Me he maravillado al leer las investigaciones sobre el cerebro y cómo funciona. Con la edad unas partes se deterioran, otras permanecen e inclusive mejoran, y veo ejemplos en la convivencia. Si en la conversación de sobremesa no nos acordamos del nombre de un artista, personaje de la historia o de la política, ya sabemos quien nos lo dice, siempre los sabe a pesar de que no recuerda de que era la sopa cuando está comiendo el plato fuerte. Y otra de las roomys, que siempre anda con su periódico en la mano, pero si lo pierde hay que ayudarle a buscarlo de inmediato, casi siempre es que está sentada en él. Y cuando le decimos que tiene que comer, nos contesta rápidamente algo con una chispa que nos hace reír y por supuesto no come; siempre anda a la carrera “porque se le hace tarde para llevar a los niños al colegio, hacer la comida e ir a Liverpool”.

 

Una vez platicando con una amiga de mi misma edad me quejaba de que mis hij@s no comprendían algo que para mí era muy obvio y me dijo: “necesitan de otros 20 años de vida, por lo menos, para entender lo que les estás diciendo”. Eso me hizo mucho impacto, es como querer que un alumno de 1º de primaria entienda una ecuación de tercer grado. Así, esto va especialmente para los familiares de adultos mayores: no sientan tristeza y mucho menos culpa porque no vivimos con la familia. La forma de vida ha cambiado, las casas son más pequeñas, no hay ya empleadas domésticas de tiempo completo que eran como de la familia, tod@s salen a trabajar fuera de casa. De verdad, aquí todos lo decimos: estamos mucho más cómod@s y cuidad@s viviendo en residencias especializadas de este nivel socio-económico. Aquí l@s roomys y el personal formamos una familia para esta etapa de la vida.

Aunque en Narrativa no se dan consejos, rompo la regla: No decidan desde su punto de vista, pregunten a l@s expert@s, a nosotr@s l@s de “la tercera edad”. Y no hagan juicios desde su edad: hay cosas que van a entender con los años.

 

Pero eso sí, necesitamos mucho cariño y las visitas de los hij@s, niet@s y amistades son días de fiesta para l@s ancian@s: ¡¡¡dan mucha alegría!!!

 

¡¡¡ARRIBA Y ADELANTE!!!

Besos,

Cuqui.

 

6 Responses

  1. Rosario

    😘😺💖 Es fabuloso, la felicito me gusto mucho y me alegra que escriba sobre ello. La quiero y la admiro, soy su fans #1

  2. Nallely Troncoso

    Me encanto leer y mucho más conocerte es una maravilla ver cómo ven la vida ustedes xq si cada uno lo vemos de diferente forma mil gracias

  3. Gabriela Morales

    Muchas gracias por escribir sobre esta etapa de la vida.
    Tu narración me ayuda a comprender muchas de las cosas por las que están pasando mis padres y familiares y por lo que ya no está lejos, y ya empezamos a vivir algunos.
    Pero sobre todo es amena y llena chispa, de ternura y amor a tus compañeros.
    Me muestra que en la vida siempre estamos aprendiendo y cada día es una oportunidad de demostrar cariño y animo a los otros.

  4. Georgina González Parcero

    Mi querida Cuqui, es un deleite leerte y aprender de ti.
    Tu también eres una pieza muy importante dentro de este grupo y familia, los animas, los unes y sobre todo los entiendes.

  5. Rosa Maria De Prado

    Querida Cuqui, ya son 14 anios de conocerte y gozar tus historias. Yo, como tus rommys puedo escucharlas mil veces porque tienes una capacidad de cuenta historias maravillosa. Gracias por el regalo de la vida en tu visión del envejecer y morir, gracias por los muchos momentos en que te he hablado y me has respondido con tanto amor y entusiasmo. Lo escribo acá porque me ensenas que lo privado se hace publico para honrar a quienes tanto nos han ensenado. Tu manera de estar en el mundo ha conocido estas ideas que luego Michael plasmo como Practicas Narrativas desde antes de que el las escribiera porque las historias son la manera como sanas y nos sanas siempre.
    Espero encontrarme con esa sabiduría del envejecer cuando vaya llegando el tiempo mas difícil y tus dos relatos me dejan mucho que pensar sobre la invitación a la capacidad de reírse de si mismo y tomarse la ultima parte del viaje con alegria, paciencia y confianza en la trascendencia.

  6. G. Gerardo

    Gracias Cuqui por tu enorme curiosidad, por tus preguntas y respuestas. Nos transmites muchas cosas; entre ellas, sabiduría, buen humor y claro, tu gusto por la vida!

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