TALLER DE MADRES QUE LIDIAN CON EL TEMA DE LA ALIMENTACIÓN DE SUS HIJOS

Re-escribiendo historias desde México

| Por Marina González |

Este mes tuvo lugar en Salvador de Bahía, Brasil la 10a Conferencia Internacional de Terapia Narrativa y Trabajo Comunitario. Para conmemorar este evento, queremos compartirles una pequeña muestra de la participación mexicana: un breve resumen del trabajo realizado por Marina González. Ella presentó, junto con cuatro compañeras más, trabajos derivados del Diplomado Internacional de Prácticas Narrativas y Trabajo Comunitario organizado por el Colectivo de Prácticas Narrativas (2010). 

 

Este ejercicio surge cuando en mi consulta conozco a un grupo de mujeres que habían llevado a mi terapia a sus hijos por que tenían una relación difícil con la comida: algunos sufrían de sobrepeso y otros estaban bajos en el promedio de talla de su edad. Al trabajar con los chicos era muy fácil ver cómo ellos podían moverse de lugar y generar respuestas viables para ellos en la manera de relacionarse con sus hábitos alimenticios. Sin embargo, veía que las madres tenían una sensación de que sus hijos tenían un “problema grave” y todas me hablaban de que ellas eran culpables por ello. Compartían conmigo la preocupación tan grande que vivían y la manera en que se sentían incapaces de resolverlo. Sus historias inmediatamente resonaron conmigo como madre. Tuve una conexión inmediata porque muchas veces he vivido ese sentimiento cuando consultas un experto en el área y te quedas con la sensación de que has quedado expuesta, como si no pudieras resolver tus propios problemas. Fue muy claro ver cómo estas mujeres habían vivido bajo mucha presión porque sin importar lo que hicieran, la preocupación de todos los que las rodeaban era cuánto comían sus hijos: se cuestionaban su capacidad como madres y cómo al haber consultado una serie de expertos en el tema las había confundido; ahora presentaban un sentimiento de no ser madres competentes porque trataban de cumplir con las expectativas de los demás con respecto a la alimentación de sus hijos, y se sentían responsables de que sus hijos no cumplieran con parámetros sociales aceptables de belleza. Mi trabajo era directamente con los niños, pero estaba consciente de que el sentimiento de inadecuación y de no sentirse en control de su rol como madres, estaba influyendo de manera importante para que estos niños pudieran sentirse capaces de influir directamente de manera positiva en sus hábitos alimenticios.

Pensando en todo esto, las convoqué para crear un espacio en donde pudiéramos colaborar juntas. Mi parte consistía en generar conversaciones en las cuales el grupo pudiera buscar una manera eficaz y propia de enfrentar el problema, reflexionando en las historias y vivencias de cada una y tratando de identificar los conocimientos y habilidades que les habían permitido en otros momentos enfrentarse a los diferentes retos de ser madres. Ellas colaboraban conmigo al compartir este espacio, y quedamos que yo podría utilizar nuestra experiencia para mi trabajo final del Diplomado. Muy conmovida por las historias de estas madres, yo traté de trabajar como una de ellas, no como una experta, yo quería que trabajáramos desde el conocimiento local , como madres, como mujeres.

Comenzamos por explorar el problema: hablaban de sentirse rebasadas, sin salida, o aisladas y de cómo, aún así, había algo dentro de ellas que les permitía ver que el medio cultural en el que vivimos tenía que ver en mucho con esta sensación. Lo que sabían y lo que vivían como madres era reemplazado por el “conocimiento experto”, por lo que la primera parte consistió en externalizar el problema con el fin de separarse del mismo y poder hablar de sus efectos. Lo nombramos El pleito con la comida. A partir de que nombramos al problema, la intención fue exponerlo y desenmascararlo, ver los métodos que utiliza para oprimir, atacar, devaluar, etc., conocer los mensajes que manda para engrosar su argumentos y los supuestos no analizados que lo sostienen, buscar las excepciones de su influencia, y así encontrar estrategias o acciones que hicieran diferencia en la manera de vivir con él para ver si podíamos liberarnos un poco de la saturación del problema. En este momento, para mí era claro que debíamos honrar lo que como mamás sabemos, y que a veces está enterrado por el contexto social en el que estamos, y cómo exigencias sociales nos restringen imponiendo un tipo de femineidad y de la forma “ideal” de ser mamá. Mi intención era que el grupo expusiera sus conocimientos como madres, que son conocimientos basados en su experiencia cotidiana, y que han sido descalificados y desplazados por los conocimientos de los “expertos en el área” como podrían ser las escuelas, los pediatras, etc. Decidimos declarar cual era nuestra posición ante el problema: vivimos en un grupo social que promueve la unificación y discrimina las diferencias, lo que hace muy difícil para nosotras no sentirnos sobre exigidas en cuanto a cómo vamos a educar a sus hijos y qué valores van a fomentar en ellos. Todas nos dimos cuenta de que no queremos meter a nuestros hijos en patrones estereotipados, reconocemos que no se privilegia el quién eres en totalidad, si no que se venera el cómo te ves. Sin embargo, nosotras hemos caído en las sobre-exigencias de estereotipos y hemos promovido esas prácticas al tener un cierto estilo de vida. Tenemos la idea de que estar flaco es sinónimo de saludable y estar gordo es sinónimo de enfermedad. Como madres somos expertas en crear toda una serie de estrategias abiertas y ocultas para hacer que nuestros hijos entren en nuestra agenda, luego nos sentimos mal porque nos damos cuenta de que son expectativas que no son nuestras si no socialmente construidas y eso nos crea un sentimiento de culpa. Los rasgos de los modelos físicos están asociados a atributos que quisiéramos que nuestros hijos tuvieran, por lo que nos creemos incapaces de promover esos atributos imaginarios porque ni siquiera nacen de nuestros valores. Vimos cómo en las escuelas se legitiman ciertos perfiles maternos, que tratar de cumplirlos nos genera un sentimiento de inadecuación, que socialmente existen criterios de normalización de lo que debe ser una mamá y esto contribuye a las ideas de “buenas y malas madres”. Resulta muy difícil reconocer que la manera en que nos aproximamos al problema de nuestros hijos es a través de nuestra saturación del problema. Además de que nos sentimos responsables de la totalidad del problema y esto nos restringe en la manera de actuar.

 

Al externalizar el problema y desenmascarar sus efectos, pudimos vislumbrar la esperanza, la posibilidad y la capacidad que como madres tenemos para enfrentar ese y muchos más problemas familiares.

 

Encontramos varias historias alternativas que describían de manera más fiel el sistema de valores de cada una de las mamás y sus familias, lo cual permitió encontrar una nueva relación de todas con el problema. El problema es muy complejo, por lo mismo hay sentimientos y pensamientos encontrados hacia él. Es una lucha continua entre la sabiduría interior y lo que socialmente se espera. Surgieron dos metáforas:

  1. Comparábamos el trabajo de una madre con una persona que va cabalgando con cierta inercia y confianza, cómo en su camino se tiene que enfrentar a diferentes obstáculos que la sacan de esta cabalgata que lleva cierto ritmo para cambiar de estrategia y ajustarse para saltar. Al saltar bien los obstáculos nos relajábamos en la relación con el problema y nos daba una sensación de competencia y de satisfacción, además de que nos permitía ser más naturales y menos rígidas con nuestros hijos.
  2. El pleito con la comida nos hace construir paredes que nos aíslan. Cuando las derrumbamos y compartimos nuestras historias, es como despertar de la pesadilla que nos dice: “No has hecho lo suficiente, no eres una buena madre”. Es entonces cuando podemos ver que estamos rodeadas de conocimiento e intuición, lo cual nos coloca en una posición de mayor control.

 

Era muy importante para nosotras compartir nuestras ideas con otros grupos de mujeres, por lo que al final del taller elaboramos un cómic, el cual serviría como testimonio para presentar lo que descubrimos en el taller. Este trabajo se encuentra aquí:

Para poder ver el cómic, es necesario dar clic derecho > Abrir imagen en una nueva pestaña para cada imagen.

 

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